PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO
Voy a empezar este blog expresándome desde mis vísceras: me molesta que el gimnasio en el que entreno se llene de tanta gente que se plantea nuevos propósitos para empezar el nuevo año. Pero no me juzguen, empecé diciendo que me estoy expresando visceralmente; es decir, tal como lo define el Diccionario de la Real Academia Española, desde una reacción emocional e intensa; como lo haría cualquier ser humano antes de razonar esa emoción.
Y es que a lo largo del tiempo me he dado cuenta que cada año se repite la misma rutina: muchas personas acuden la primera semana de enero a inscribirse en el gimnasio de su preferencia motivados por ese espíritu entusiasmado que lo fueron concibiendo desde diciembre del año anterior, pagando incluso de un sopetón la membresía de todo el año que ofrecen los gimnasios a cambio de descuentos especiales. Lo que no saben o no se dan cuenta, es que los gimnasios conocen muy bien que los propósitos de año nuevo que se proponen la mayoría de las personas son blandengues y se derretirán al cabo de unas cuantas semanas.
Precisamente ahí, mientras espero que se desocupe la máquina con la que quiero entrenar, me dispongo a razonar esa emoción visceral que siento en ese momento y que empecé expresando al inicio de este blog. El resultado de ese razonamiento me propongo expresarlo en los siguientes párrafos, desde mi propia experiencia, desde mis debilidades, desde mis luchas, y desde mis esfuerzos por cumplir con lo que deseo para mi cuerpo, para mi salud, para mi futuro.
Ningún propósito de año nuevo sirve si primero no construimos una base sólida de valores en nuestras vidas, si no cambiamos la percepción que tenemos de nosotros mismos, si no nos proyectamos en quién queremos convertirnos, si seguimos comparándonos con los demás, y si no pensamos en cómo queremos vivir nuestra vejez.
Alguna vez mi hermana, a la que quiero mucho, me hizo la siguiente pregunta: ¿cómo haces para ser tan disciplinado y no faltar a tus entrenamientos en el gimnasio? Esa pregunta me puso a pensar en qué es lo que realmente me motiva para hacer ejercicio e invertir tiempo en mi cuerpo. La respuesta de mi cerebro fue inmediata: poder limpiarme yo mismo el trasero cuando sea viejo.
Esa frase fue expresada por mi cerebro inmediatamente después de recordar lo que hace años vi en una campaña de sensibilización creada por el Gobierno de Canadá, en la cual muestra la comparación entre dos vidas que vive un mismo adulto mayor, diferenciadas por la actividad física que realizó durante su juventud. Si quiere saber de lo que te hablo, te dejo el video:
Cuando vi este video me impactó tanto el poder de nuestras decisiones y, en este caso, la importancia de mantenerme activo durante mi juventud haciendo el ejercicio suficiente que me permita estar fuerte cuando sea viejo. Quiero tener la suficiente fuerza para irme con mi hija a caminar por la montaña, para abrazarla a ella y a mis nietos (si es que los llego a tener); para no depender de un bastón, una máquina, o vivir mis últimos años recostado en una cama. Y aunque nada podemos hacer para evitar cualquier enfermedad que el azar o la suerte nos mande a nuestras vidas, creo que sí podemos hacer lo que esté a nuestro alcance para mantenernos activos y fuertes.
Pero detrás de lo que acabo de mencionar, está algo más de fondo, que se relaciona con la respuesta que le di a mi hermana, algo de lo que no nos damos cuenta a la hora de plantearnos nuevos retos en cada año: queremos plantearnos nuevas metas sin cambiar quiénes somos. Queremos cambiar nuestras acciones sin cambiar nuestra identidad. Queremos construir algo sin primero forjar en nuestras vidas los valores que se necesitan para el efecto, tales como la disciplina, la constancia, la perseverancia, el autocontrol.
Nos planteamos nuevas metas por razones superficiales: bajar de peso, tener un cuerpo como lo tiene aquella influencer, verse mejor que el compañero/a que te cae mal, verse como la sociedad quiere que te veas, pero al final te darás cuentas que esas razones no son lo suficientemente fuertes para mantenerte en el objetivo.
Si quieres cambiar o cumplir con los retos que te planteas en año nuevo, debes cambiar quién eres, para que no te sea difícil adaptarte al estilo de vida y a las costumbres que se necesitan para mantenerte en el camino hacia la meta. Además, debes empezar a construir pequeños hábitos que sirvan de entrenamiento para forjar tu disciplina y constancia. Si en lo poco puedes mantenerte firme y constante, en lo mucho seguramente no te será difícil.
A mí me gusta leer sobre ciencia y quiero contarte cómo empecé con los pequeños cambios en mis hábitos. Hace un tiempo había leído que los jugos de frutas que tomamos a la hora del almuerzo son malos para nuestro cuerpo; llevan una alta carga de fructuosa y azúcar que al cuerpo le cuesta procesar. El páncreas genera un pico de insulina súper elevado para disminuir el azúcar sanguíneo y mantenerlo en rangos normales, mientras que la fructosa, al ser desprendida de la fibra de la fruta al ser licuada, no tiene ningún efecto alimenticio en nuestro cuerpo y es acumulada en el hígado, convirtiendo su exceso en grasa.
Al saber esto, decidí por evitar tomar jugos de frutas en mis comidas. Fue muy difícil, ya que estaba acostumbrado a comer siempre acompañado de un vaso de un jugo. Me sabía horrible comer junto a un vaso con agua y no de jugo. Lo intenté muchas veces; a ratos fracasaba y lo hacía nuevamente. Pero no me di por vencido. Estaba seguro que quería cuidar de mi hígado y mi páncreas y lo seguí intentando. Ahora, me acostumbré totalmente a no tomar jugo de frutas y siempre lo rechazo el momento en el que me ofrecen.
Luego empecé a leer y aprendí que los músculos de nuestro cuerpo funcionan como un órgano endocrino que, al contraerse durante el ejercicio, libera cientos de sustancias llamadas miocinas al torrente sanguíneo, las cuales actúan como mensajeros, regulando el metabolismo, el sistema inmune, y órganos distantes como el cerebro, el hígado y el tejido adiposo (sí, la grasa que se nos acumula en la pancita), ejerciendo efectos antiinflamatorios y mejorando la sensibilidad a la insulina. Por otra parte, mientras más músculo tengas, mayor es la capacidad del cuerpo para recepcionar, almacenar y utilizar la glucosa en sangre, actuando como un "depósito energético que reduce los niveles de sangre y previene enfermedades como la diabetes. Por ejemplo, cuando haces ejercicios de sentadillas y estimulas los cuádriceps de tus piernas, estos músculos se convierten en auténticos sumideros de glucosa. Solo imagina el beneficio de hacer unas "simples" sentadillas.
Asimismo, la ciencia ha comprobado que la fuerza física, particularmente la fuerza de agarre y la de piernas, es un marcador clave de longevidad y un predictor de la esperanza de vida, reflejando salud metabólica e independencia funcional. una mayor fuerza se asocia con menores tasas de mortalidad y fragilidad, mientras que su pérdida es un signo temprano de envejecimiento.
Cuando aprendí todo lo que acabo de comentarte, nació mi motivación. Yo odiaba el gimnasio solo de pensar que iba a estar encerrado en cuatro paredes haciendo pesas junto a hombres reventados en músculos, muchos pichicateados, y mujeres que no dejan de verse en el espejo. Pero yo tenía otra visión, quería invertir en mi salud y en los motivos que ya hablé anteriormente. Quería aprender a valorar y cuidar mi cuerpo.
Pero antes de inscribirme en el gimnasio que odiaba al pensarlo, tuve que primero cambiar mi identidad, cambiar primero quién soy, lo que pienso de mí; para que mi comportamiento se adapte naturalmente a quién quiero ser, para que no me cueste ir al gimnasio, para no poner excusas ni sentir desidia solo de pensar que voy a alzar pesas allí.
No te miento que al principio fue difícil. Me costaba adaptarme a una rutina de ejercicios que no conocía y que no sabía cómo hacerlos. Me ganaban esas feas ganas de alzar el mismo peso que alzaban otros hombres. Me costaba lidiar con el dolor del cuerpo y con el cambio de alimentación que me prometí.
Pero al final no desmayé porque mis metas no fueron superficiales, porque primero trabajé en cambiar mi identidad, en proyectarme como el hombre que quiero ser. Entonces la rutina, los ejercicios, la dieta, el dolor, dejaron de ser algo forzado y se convirtieron en parte de mi vida, en algo natural que disfruto hacerlo.
Para terminar con este, mi primer blog, quiero que te des el tiempo de leer el artículo "How to fix your entire life in 1 day" escrito por el usuario @thedankoe en la red social X, el cual me di el tiempo de traducirlo al español y puedas leerlo en el siguiente link. Lo que escribe Dan Koe es impresionante, cambia totalmente tu perspectiva al plantearte nuevas metas, te da todas las pautas para que cambies de pensamiento, mentalidad e identidad. De verdad, te recomiendo leerlo.
No quiero despedirme sin antes motivarte a que continúes con las nuevas metas que te propusiste en este año, pero ahora hazlo desde otra perspectiva e identidad, poseído totalmente de la persona en la que quieres convertirte.
Posdata: es 23 de enero, fecha en la cual la gente empieza a dejar de ir al gimnasio. Eso me agrada, pero tú dale, no te rindas ;)

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